Colegas de emociones

Regresaba a mi casa en metro, luego de una gran decepción. Mientras miraba por la ventana, una lágrima apareció y comenzó a recorrer mi mejilla (al parecer, fue una gran desilución). Aunque en un momento decidí observar al señor que estaba sentado frente a mí. Estaba desconsolado, no era necesario saber que le pasaba para saber que había sufrido una gran pena. Me dí cuenta que dicha decepción, no era nada comparada con aquella pena y angustia que expresaba aquel señor. Descendí del metro con una gran sonrisa dibujada en mi rostro, mientras que la decepción decidió cambiar de andén.

1 comentario:

Balentina dijo...

el metro ... es tan cotidiano
me gusta :)
así con las decepciones y las sonrisas
te qiero carito!