Nos observamos y enteramos que nos conocíamos desde siempre. Tu sonrisa me cautiva. Me encantas, desde tu profunda mirada hasta la punta de tu cabello. No necesito saber tu nombre; ni tu edad, porque ya te conozco... y desde siempre.
Sólo tu, yo y nuestros cinco sentidos. Nada faltaba, nada sobraba. Pero desperté y el sueño había acabado.
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